Docentes que formamos personas, más allá de una  técnica o táctica, chicos que se acercan al futuro, que van a vivir una vida, vestidos de tenistas, de profesionales, de empleados, vestidos de adultos de padres o madres. Por eso tenemos que tener en claro que en nuestra tarea el éxito en la interacción con el alumno pasa por muchos lados.

Transmitir valores a través de la enseñanza del tenis. Durante nuestras clases es mucho lo que enseñamos a los chicos ya sea por estímulos directos o subliminales, estímulos que ellos elaboran con distinto grado de asimilación debido a la frecuencia de las clases semanales y al tiempo que compartamos con ellos.

El acto educativo está orientado a que nuestros alumnos aprenden determinado arte o disciplina. Pero lo fundamental de nosotros, docentes, es brindarle al alumno principios y valores transmitidos por sensaciones de estar felices con lo que hacen, de sentirse apoyados por nosotros y por los padres. Que el niño sienta hacia él el compromiso de nuestra parte y su compromiso en lograr un objetivo. Que aprenda qué es ser honesto con el ejemplo de una jugada, que conozca la perseverancia superando una dificultad propia, que reconozca y exprese la amistad y la lealtad al formar parte de un grupo de entrenamiento. Que sepa que equivocarse, que perder, es común a todos y que el ser solidarios es también parte del juego.

El resto llegará como consecuencia, ya que formando niños con criterio propio, delegamos en ellos la libertad de tomar sus propias decisiones.

Entonces, profesores, instructores, entrenadores, en definitiva docentes, sepamos que nuestras clases serán para toda la vida.

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